Lo que muchas veces no se dice sobre la relación entre los padres y su pediatra
Hay una frase que escucho con muchísima frecuencia en consulta:
“Doctora, es que somos papás primerizos…”
Y cada vez que la escucho, la entiendo profundamente.
Porque convertirse en mamá o papá por primera vez transforma la vida por completo.
Todo cambia. El sueño desaparece, las emociones se intensifican y el miedo de equivocarse aparece incluso en las decisiones más pequeñas.
De pronto, algo tan simple como una ronchita, un estornudo, el color de una evacuación o una noche de llanto puede sentirse enorme.
Y sí… es normal sentir miedo.
Es normal tener dudas.
Es normal necesitar orientación.
Pero también es importante hablar con honestidad sobre algo que pocas veces se conversa: los límites saludables en la relación médico-paciente.

Cuando la angustia se convierte en dependencia
Muchas veces, sin darse cuenta, algunos padres comienzan a ver al pediatra como una disponibilidad permanente.
El WhatsApp pasa de ser una herramienta de apoyo a convertirse en una consulta abierta las 24 horas del día.
Y poco a poco llegan mensajes constantes, fotos, audios, dudas de crianza, consultas administrativas, urgencias emocionales y preguntas que muchas veces necesitan una evaluación médica presencial y no una respuesta inmediata por teléfono.
Como pediatras, acompañamos con muchísimo cariño.
Pero acompañar no significa vivir conectados permanentemente.
No significa estar disponibles en cada momento del día.
No significa sustituir la consulta médica.
Y tampoco significa resolver absolutamente todos los aspectos de la crianza.
Porque detrás de cada médico también hay un ser humano.
Lo que muchas veces no se ve detrás de una consulta pediátrica
En Panamá, la realidad de muchos pediatras y neonatólogos es intensa.
En un mismo día podemos estar:
- En consulta,
- Atendiendo urgencias,
- Entrando a nacimientos,
- Acompañando cesáreas,
- Hospitalizando pacientes,
- Revisando laboratorios,
- Llenando formularios,
- Respondiendo seguros,
- Realizando informes escolares,
- Leyendo estudios,
- Coordinando terapias,
- Y además tratando de responder mensajes pendientes.
A eso se suma algo que ha aumentado muchísimo en los últimos años: el envío constante de fotografías.
Recibimos imágenes de piel, evacuaciones, lesiones, gargantas, pañales, genitales, irritaciones y situaciones que muchas veces deberían valorarse personalmente.
Y aquí también hay algo importante que debemos reflexionar como sociedad.
La privacidad de los niños también merece protección

Vivimos en una era donde fotografiar y enviar todo parece normal.
Pero cuando hablamos de menores de edad, la conversación cambia.
Aunque sean sus hijos y ustedes sean sus tutores, seguimos hablando de privacidad, dignidad, intimidad y protección de datos personales.
Antes de enviar una fotografía de un niño, vale la pena detenerse y preguntarse:
- ¿Es realmente necesaria?
- ¿El médico la solicitó?
- ¿Es una urgencia?
- ¿Expone partes íntimas?
- ¿Estoy usando un canal adecuado?
- ¿Estoy protegiendo la privacidad de mi hijo?
No todo debe fotografiarse.
No todo debe enviarse.
Y no todo puede resolverse por mensajería.
En Panamá existen normas que respaldan la protección de datos personales, el derecho a la imagen y la intimidad de los menores de edad, priorizando siempre su bienestar y dignidad.
Los límites también son una forma de cuidado
A veces, cuando un médico pone límites, algunos padres pueden interpretarlo como frialdad o falta de interés.
Pero no es así.
Los límites no significan abandono.
Los límites no significan indiferencia.
Los límites forman parte de una atención médica sana, segura y sostenible.
Porque un médico agotado física y emocionalmente también se afecta.
Y aunque muchas veces se olvida, los médicos también:
- se enferman,
- necesitan descansar,
- tienen familia,
- tienen hijos,
- necesitan dormir,
- comer tranquilos,
- desconectarse,
- vivir.
Y nada de eso los hace menos comprometidos con sus pacientes.
Acompañar también significa enseñar
Una de las partes más hermosas de la pediatría es acompañar a padres primerizos.
Ver cómo aprenden.
Cómo ganan confianza.
Cómo descubren poco a poco que sí pueden hacerlo.
Porque la maternidad y la paternidad no vienen con un manual perfecto.
Se aprenden día a día.
Y el vínculo con el pediatra también se construye:
con confianza, empatía, respeto… y límites claros.
Porque para cuidar bien a los demás, nosotros también debemos aprender a cuidarnos.
Referencias legales en Panamá
- Ley 81 de 2019 sobre Protección de Datos Personales.
- Código de la Familia, artículos 575 y 577.
- Código Penal de Panamá, artículos 184 y 185.






